* Metas y expectativas constantemente cambiantes tanto para mi equipo como para mi rol. Esto hizo que fuera difícil entender mis responsabilidades o planificar con anticipación. Hubo mucho retrabajo y esfuerzo desperdiciado para mí y para los demás en mi equipo. * Mi líder no era confiable, rara vez cumplía con las promesas o solicitudes, incluso cuando eran de vital importancia para los objetivos del equipo. Las preocupaciones que presenté fueron ignoradas, minimizadas o, a veces, recibidas con hostilidad/burla. * Había poca autonomía otorgada a equipos o individuos, bordeando la microgestión por parte de ejecutivos de nivel C. Esto se aplicaba a todo, desde las minucias de las tareas hasta la programación de reuniones de equipo a las que no se esperaba que asistieran los propios ejecutivos. * A veces se desaconsejaba activamente la colaboración o consulta con otros departamentos, incluidas las ocasiones en las que se necesitaría su experiencia para que una iniciativa tuviera éxito. * El equilibrio entre la vida laboral y personal no era como se anunciaba, y no se respetaba el tiempo libre. Se esperaba que asistiera a algunas reuniones mientras estaba de licencia o fuera del horario de trabajo establecido, incluso si esa reunión se planeó en el último minuto sin consultar.