Ventajas
Cuando me incorporé, la cultura era realmente especial. Los equipos eran colaborativos, el liderazgo era accesible y la empresa tenía una sólida adecuación entre producto y mercado, lo que hacía que el trabajo fuera emocionante y significativo. La gente se sentía con la capacidad de tomar decisiones, experimentar y crecer. Era un ambiente atractivo y estimulante que hacía que ir a trabajar fuera una experiencia agradable.
Desventajas
Con el tiempo, la alta dirección cambió, al igual que todo el ambiente. El cambio fue abrupto. Lo que solía ser una cultura de apoyo y confianza se convirtió gradualmente en una marcada por la microgestión y la toma de decisiones inconsistente. Muchas decisiones parecían arbitrarias, con poca transparencia en cuanto al "porqué" que las motivaba. La comunicación se debilitó, la autonomía desapareció y la moral se vio notablemente afectada. El enfoque se alejó del empoderamiento de los equipos hacia una supervisión rigurosa y una gestión reactiva. Esto generó confusión, estrés y una disminución del compromiso general del equipo.